Expediciones Vieira-perezianus
Aunque gran parte de la vida la he pasado recorriendo paisajes caminando, pescando, montando en bicicleta, no fue sino hasta hace muy poco que por cuestiones de latitud y longitud me empeze a topar con un nicho de personas muy particular quienes teníamos en común el asunto cartográfico, con algunos tracé rutas para carreras de aventuras, dicte cursos de navegación con brújula y mapa, monte en bici haciendo trochas nocturnas, ayude a crear un guión interpretativo de una parque regional natural y finalmente me dedique a buscar orquídeas.
Esta actividad de las orquídeas arrojó resultados de manera inmediata, en menos de 3 años en compañía de mi amigo Sebastián Vieira he sido partícipe, acompañante y testigo del descubrimiento de por lo menos 4 nuevas especies de plantas y un bicho, yo era de los que creía que Charles-Marie de La Condamine, José Celestino Mutis, Francisco José de Caldas, Humboldt, Darwin, entre otros, ya lo habían descubierto todo, pero más me inquietó cuando en pleno siglo de la información le empezamos a meter capítulos a esos ya empolvados libros.
Fue en una de las reuniones de la Sociedad Colombiana de Orquideología donde se hizo más evidente que la intención de muchos era el cultivo y no de investigación y menos de conservación; junto con Vieira decidimos formular un proyecto que atacara el tema desde lo básico “Dónde están las orquídeas del Valle de Aburrá” luego de varias reuniones formulamos el proyecto y se le presentó a la Sociedad, ellos gratamente sorprendidos abrieron un escenario nuevo que además de contemplar ese “inventario” que nosotros propusimos le dieron pie a la reactivación del comité científico para abordar nuevos campos de investigación (no fue gracias a nosotros sino que estuvimos allí en el momento preciso).
Es por esto que nos abalanzamos a la montaña con una gran frecuencia y es allí donde empieza esta historia, al momento hemos presenciado alrededor de 50 especies en flor y visto miles de plantas en proceso de hacerlo, insectos increibles, orquídeas y aves no reportadas para la zona y ecosistemas que varían drásticamente al ganar tan solo un par de metros en altura respecto al nivel del mar; las primeras salidas fueron de calentamiento por así decirlo, cargar trípode no funciona bien con el chusque, tampoco se puede mantener limpio un reflector blanco, la lluvia en este trópico es pan de cada día y la carne fresca siempre atraerá a los mosquitos, pero la satisfacción de ver la maravilla de la creación hecha planta y que algo de 4mm pueda conmover a tanta gente nos anima cada vez más a ver que hay en el siguiente bosque y es por eso que cada día cuando uno va camino a trabajar la vista se pierde en los parches verdes de la montaña y en la mente solo suena una vocecita que dice “cuando iré allá o cuando volveremos a buscar esa planta que apenas mostraba sus botones”, ya no se sabe si es un hobbie, pasión o enfermedad, pero el hecho es que estamos ubicados en un área estratégica biodiversa inexplorada según lo que nos estamos percatando y que si no se levantan más proyectos como este, ni siquiera alcanzaremos a extrañar todo lo que en ellas hay, pues la presión de la frontera agrícola/ganadera/urbana está muy cerca y lo mas seguro es que algunas especies desaparecieron sin ser descritas y junto con ellas se va la hermosura y su información botánica y en algunos casos medicinales; imaginan desaparecer la cura de una enfermedad importante solo por tener un par de vacas más gordas..?












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