Mundos Perdidos
Uno no cree que llegará el día en el cual diga “Se me hace común lo extraño”, esta rara premisa resulta de la exploración de parajes que existen por fuera de la zona de confort urbana, la mayoría de personas que por alguna razón logran enterarse de lo que hacemos en fines de semana, pueden llegar a tildarnos de tipos raros (a Vieira y a mi) y más aún cuando ven nuestros registros fotográficos, pues en ellos aparecen una serie de especímenes tan desconocidos que parecen venir de una literatura fantástica: bichos raros y plantas con mutaciones genéticas tan poco frecuentes que ni en #google aparecen resultados, como es el caso de la “Platystele consobrina forma xanthina”.
Pero llegar a estos hallazgos no es fácil, primero las vías que conducen a los remanentes de bosque en el Valle de Aburrá por lo general además de ser pistas de campercross, manejan la tecnología del portón con candado, en otras palabras son predios privados y por ende vulnerables de desaparecer el día que al dueño le de por crecer sus potreros, que por ley en este valle no deben sobrepasar los 1750 msnm pero que abundan hasta los 2800 msnm, acorralando a la fauna-flora y desconectando los corredores ecosistémicos, que en resumidas cuentas mantienen estables estas montañas y hasta nos dan agua para sobrevivir.
Además de las fotografías nos queda la satisfacción y el acervo adquirido en campo, pero sería muy egoísta no compartir dicha información con el resto de personas que aquí también habitan, por esta razón de nuestro trabajo emanará un libro, que busca conmover hasta un nivel contemplativo la grandeza de estos parajes y ojalá sensibilizar a quienes son dueños ellos para que los conviertan en áreas protegidas, que con el debido manejo pueden convertirse en zonas de estudio y aprovechamiento comercial sin necesidad de tumbar una sola rama; llegar a estos lugares no es nada fácil pues se debe sortear pendientes escarpadas, sobrevuelos del ejército que para fortuna nuestra logran descifrar desde el aire que no somos un peligro para nadie, perros rabiosos y mayordomos celosos todo para pasar decentemente a los libros de ciencia abonando nuevos capítulos con descripciones de plantas, aves e insectos no reportados para la zona, respondiendo a este quehacer con algo tan simple como : “El que busca encuentra”.
Otra de las ideas embebidas dentro de nuestra tarea es estimular la investigación de lo propio, dejar los temores y embarcarse en el entretenido aspecto del conocimiento, pues ya tenemos un país muy biodiverso con cantidad de especies por descubrir y por qué no empezar a hacerlo nosotros mismos mientras se pasa un fin de semana lejos del caos de la urbe y del bombardeo de los medios de distracción masiva.







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